Sin volante

Tesla. La empresa creada en 2003 y especializada en autos eléctricos es una de las líderes en la carrera por lanzar un vehículo autónomo. (Isopix/Rex Shutterstock/Dachary)

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La competencia por producir el primer auto capaz de conducirse solo en forma segura enfrenta a las principales empresas automotrices y a compañías surgidas del mundo digital. Riesgos de un desarrollo tecnológico cuya utilidad aún está en debate.
Esteban Magnani
 
En los próximos años las publicidades de automóviles deberán reinventarse. Ya no podrán mostrar unas manos acariciando el volante mientras la mirada atenta del conductor recorre el paisaje abierto; más bien presentarán familias jugando o atentas a una película mientras surcan el espacio en su vehículo. Lo que hasta hace unos años las publicidades llamaban «el placer de manejar» está en vías de transformarse en «el placer de no manejar». Sigue leyendo

Uber sin volante

El modelo de negocios financiado por capitales de Wall Street permite apropiarse de un porcentaje cada vez más significativo del mercado de transporte global. Y van por más: Uber está experimentando con autos que se manejan solos.

“No queremos ser como los taxistas que vinieron antes que nosotros: nosotros recibimos el futuro con los brazos abiertos”, dijo recientemente Travis Kalanick, el CEO de Uber, en una conferencia de prensa en San Francisco. La frase (que en el barrio se denominaría como una “mojada de oreja”) indica que la empresa no solo representa una versión posible del futuro en disputa, sino que sigue pensando en otros futuros, más particularmente en uno que utiliza autos que se manejan solos. Sigue leyendo

De la A a la Z

California. Sede de Google Inc en Mountain View. La empresa está valuada en 500.000 millones de dólares y solo es superada por Apple. (Getty Images)

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El imperio Alphabet
Desde satélites o autos voladores, hasta investigaciones para vencer a la muerte: todo es posible en el universo Google. La corporación, que cambió de nombre y no para de diversificar sus inversiones, es hoy un actor de peso en la geopolítica mundial.

El fenómeno Pokémon Go volvió a poner sobre la mesa el vínculo entre Google y el aparato de defensa y de inteligencia de los Estados Unidos. La maraña es intrincada, pero vale la pena repasarla: en algunas notas aparecidas en los últimos meses se recordó que Niantic, la creadora del juego, es una «startup» que surgió de Google. Su director general es John Hanke, quien en 2001 había fundado Keyhole, una empresa especializada en datos geoespaciales. Como consta en el sitio de la CIA, Keyhole recibió inversiones de esa agencia de inteligencia para su proyecto. En 2004, Google adquirió Keyhole y la utilizó como base para el conocido mapa virtual Google Earth, proyecto que dirigió Hanke. Años más tarde, el mismo Hanke formó Niantic, empresa que en 2012 lanzó Ingress, un juego donde cualquier persona puede sumarse desde su celular a una competencia, por controlar la ciudad. Durante la competencia los jugadores envían datos precisos de la geolocalización de lugares de interés de todo el mundo. Esa fue la información que le permitió a Niantic lanzar Pokémon Go (junto con Nintendo y The Pokémon Company) y recopilar aún más datos geolocalizados que incluyen, por ejemplo, fotos de las casas de los jugadores: alcanza con ubicar un Pokémon en algún punto ciego para la tecnología actual y en instantes recibirá fotos del lugar para sus archivos. La información es poder; estas empresas y sus socios lo acumulan en cantidad. Sigue leyendo

En el mundo digital, “lo que es gratis no es malo; es diferente”

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El director de la Licenciatura en Medios Audiovisuales y Digitales de la UNRa, sostuvo que promocionar el uso de software libre es una manera de apostar al conocimiento local. Además, defendió la era Wikipedia: “el conocimiento erudito, es muy valioso. Pero también está el conocimiento que empuja desde abajo, que también lo es”.

Así como a veces el uso de la tecnología puede volverse dañino, detrás de buenas voluntades no puede haber otra cosa que no sea algo positivo. Al menos eso sostiene una corriente del mundo digital que confía en el aporte colaborativo para el conocimiento, una manera de asegurar el acceso gratuito al saber y garantizar el constante desarrollo de la ciencia.
Se trata de la denominada “Cultura Libre”, que desde hace años viene promocionando el uso de software gratuito, donde cada usuario tiene la posibilidad de mejorar la funcionalidad de lo que usa, compartirlo con el resto de los usuarios del planeta y, de esta manera, contribuir al desarrollo local. Es decir, una opción que se vincula no sólo a una cuestión de ahorro monetario, sino a cómo las sociedades planifican el desarrollo de su conocimiento. Sigue leyendo

¿Internet versus medios tradicionales?

(Ver en Rafaela Noticias)

1° FESTIVAL DEL CULTURA LIBRE EN LA UNRA

VIDEO. “Lo que está pasando con Internet como soporte, es que está imponiendo una lógica propia que tiene que ver con su lógica comercial y con su modelo de negocios, y que le está marcando la cancha a los medios tradicionales. Se está produciendo una especie de terremoto en ese sentido. Algunos están viendo como aguantar, pero son momentos de muchísimo cambio, y es difícil cuál va a ser al conclusión”, expresó Esteban Magnani. Sigue leyendo

Tecnobaba

Cuando te llama por décima vez un proveedor de internet para contarte sobre una oferta irresistible cuando estabas en la otra punta de la casa lavando los platos, querés matar. Sabés que todas las promesas que te susurran al oído se desvanecerán apenas te la pongan (a la promoción). A fuerza de experiencias previas uno se inmuniza frente a esos gestos de amor corporativo. No importa si son bancos, compañías de celulares, candidatos políticos, prepagas, los demoníacos servicios de emergencia médica: solo quieren sacarte algo para no devolvértelo nunca más, a menos que estés dispuesto a pasar mil horas en el teléfono para que te dejen de debitar la plata de la tarjeta. Sigue leyendo

Cadena de valor

Orgullo. Vehículos, máquinas y una nueva fábrica, frutos del esfuerzo de los asociados.

(Ver en revista Acción)

Durante la década de los 90, un nuevo tipo de sujeto se sumó en masa al paisaje urbano: en un contexto de gran desocupación, ejércitos de personas llegaban por las noches a las grandes ciudades para juntar los kilos de materiales reciclables necesarios para pagar la comida del día siguiente o, en un buen día, un poco más. Con el paso del tiempo, algunos comprendieron la necesidad de organizar ese trabajo precario para darle sustentabilidad: una de las herramientas más elegidas para lograrlo fue el cooperativismo. Algunas cooperativas lograron ser subsidiadas por un Estado capaz de comprender la importancia ambiental de esta labor, y otras encontraron cómo agregar valor a su trabajo por medio de la innovación constante. Este último camino es el que tomó la Cooperativa Creando Conciencia, nacida en el año 2005, cuando un grupo de vecinos de Benavídez y otras localidades vecinas en la zona norte del Gran Buenos Aires necesitó pensar alternativas para los cartoneros que andaban por el barrio, por un lado, y enfrentar el creciente problema de la basura, por el otro. De allí surgió la propuesta de retirar los materiales reciclables una vez por semana en uno de los barrios cerrados de la zona, actividad que comenzó en 2006 con un primer grupo de trabajadores, quienes capacitaron a los vecinos para que separaran correctamente los materiales. Sigue leyendo

Queremos tanto a Linux

Centro Cultural San Martín. Como en cientos de ciudades, en Buenos Aires se realizó este año el Festival de Instalación de Software Libre. (gentileza Flisol)

(Nota de Revista Acción)
Elegido por millones de programadores en todo el mundo, con una lógica abierta que democratiza el acceso y ofrece más seguridad, el sistema operativo creado por Linus Torvalds cumple 25 años. El valor estratégico del software libre como política de Estado.

A mediados de 1991 un joven estudiante finlandés llamado Linus Torvalds compartía a través de una flamante Internet su nuevo proyecto: «Un sistema operativo libre». Con ese humilde mensaje nació hace 25 años uno de los pilares sobre los que se apoya el mundo digital. El secreto de su gran proyección internacional fue una lógica abierta que democratiza el acceso a la tecnología, libera el conocimiento y ofrece más seguridad.
Las razones de su éxito pueden rastrearse hasta la prehistoria de la informática, cuando los programadores escribían el código capaz de hacer funcionar a las computadoras y lo mostraban a sus compañeros de la misma manera que una familia comparte recetas de cocina. Sin embargo, ya a fines de los 70 y principios de los 80, los Bill Gates, los Steve Jobs y otros comprendieron que en ese código se escondía una fuente de dinero. No se equivocaron: tomaron ese conocimiento, lo desarrollaron, lo cerraron en un paquete que impedía ver cómo estaba hecho, lo cercaron con licencias y comenzaron a cobrar permisos para su uso. Con esos ingresos construyeron imperios corporativos como Microsoft o Apple en unas pocas décadas. Sigue leyendo