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Tensión en la red, el libro libre

de Esteban Magnani

de Esteban Magnani

Tensión en la red“, el nuevo libro de Esteban Magnani, ubica al lector en el complejo y vasto escenario de la tecnología actual, donde la vorágine de cambios suele empobrecer el espíritu crítico. Este tipo de asimilación, por momentos ingenua, conlleva una serie de consecuencias sociales, económicas, políticas y también en la cotidianeidad de las personas. “Tensión…” toca estos temas de una manera entretenida, abrevando en lo mejor de la divulgación científica sin caer en el academicismo ni en el vano intento de agotar la temática. Sigue leyendo

Adiós a la privacidad

(Ver en Revista Acción)

El artista ruso Egor Tsvetkov, de 21 años, realizó un experimento simple: tomó fotos de desconocidos en la calle y utilizó FindFace, una aplicación de reconocimiento facial, para encontrar rostros similares en una red social rusa llamada VK. Tsvetkov pudo encontrar casi al 70% de las personas fotografiadas que tenían entre 18 y 35 años, es decir, el segmento etario que más usa las redes sociales; así pudo saber sus verdaderos nombres, ocupaciones, intereses y conocer sus mascotas, entre otras cosas. Su proyecto se llamó Tu rostro es big data porque se refiere a que incluso información tan personal como nuestra apariencia es rastreable en las redes para aquellos que tienen acceso a grandes volúmenes de información. Quienes aparecieron en el experimento mostraron su sorpresa y dejaron claro que la mayor parte de la gente desconoce quiénes tienen acceso a lo que suben a las redes. El joven artista dijo sentirse incómodo, una especie de acosador virtual, pero que quería demostrar «cómo la tecnología rompe la posibilidad de una vida privada. Nos muestra el futuro». El experimento es una invitación a chequear las opciones de privacidad de las redes sociales, abandonarlas o resignarse.

Celebridades 2.0

(Ver en revista Acción – Por Suscripción)

Sus videos de apariencia casera son vistos tres o cuatro millones de veces por día. También sus seguidores se cuentan por millones: son en su mayoría niños que los escuchan y leen con devoción. Un fenómeno que a los adultos les cuesta comprender.
Esteban Magnani

Estrellas de Internet. El español Rubius, la mexicana Yuya y el chileno Germán, tres de los youtubers hispanohablantes más populares.

Cada día millones de niños miran videos con devoción mientras sus progenitores los observan perplejos. Los creadores de esos audiovisuales tan exitosos son conocidos como «youtubers» y suelen carecer de cualquier talento visible para un mayor de 20 años: hacen videos de apariencia casera donde ametrallan con chistes entre malos y pésimos, explican cómo hacer alguna trivialidad, juegan en la computadora mientras hablan o alguna actividad similar. Eso sí, la edición es generalmente tan vertiginosa que cuesta terminar de analizar algún estímulo antes de que llegue el siguiente. ¿Cómo explicar que pocas horas después de subidos estos videos sumen millones de visualizaciones? ¿Qué es lo atractivo de todo eso? Sigue leyendo

La balanza virtual

Investigación sobre licencias de software
(Ver en Cash)
Las exportaciones de software superaron los 1000 millones de dólares el año pasado por servicios de programación, monto similar a las importaciones por el pago de licencias. El desafío es el desarrollo nacional del sector.

Por Esteban Magnani

Las exportaciones de software crecieron sostenidamente desde los 170 millones de dólares en 2005 hasta superar los 1000 millones en 2015, según los datos de la Cámara Empresaria del Software y Servicios Informáticos. Este desarrollo se explica por una demanda creciente en el mundo, sumado a políticas educativas y de promoción desde el Estado. Teniendo en cuenta la importante necesidad de divisas, sumado a que el software es una industria que, a grandes rasgos, tiene un alto valor agregado, genera empleo de calidad y requiere una inversión relativamente baja en infraestructura, el dato invita al optimismo. Al poner estos datos en contexto surgen alternativas para profundizar el proceso. Sigue leyendo

Delivery Global

(Leer en Revista Acción)

Para las nuevas corporaciones 2.0, la materia es un estorbo; especialmente para aquellas que no solo ofrecen películas, música o servicios que pueden transferirse en bits. Amazon, un gigante dedicado a satisfacer todos los caprichos de sus clientes sin necesidad de que se muevan de su sillón, ha decidido eliminar el obstáculo innovando sin parar e, incluso, compitiendo con empresas de logística y transporte tradicionales. Gracias a Prime Now, una aplicación paga disponible para algunas áreas de los Estados Unidos, promete entregar cualquier producto de los miles de su listado en menos de dos horas o, incluso, en solo una a quien pague por ello. La empresa (que comenzó vendiendo libros por Internet), lanzó Amazon Flex, un servicio similar a Uber pero que en vez de personas transporta los encargos y, al igual que éste, ofrece pagos puntuales por hora de trabajo. No es todo: desde 2013 viene desarrollando Prime Air, un servicio de drones que se encarga de la entrega a domicilio.

Libros Libres

(Ver en Revista Acción)
Autores versus Google
En 2005 una organización de escritores profesionales llamada Authors Guild demandó a Google Books. Este servicio, que ya lleva digitalizados más de 25 millones de libros, permite acceder a fragmentos de los textos y enlaza una compra virtual de los mismos cuando están disponibles. Los escritores acusaban a la empresa de hacer un uso comercial de sus contenidos. La justicia falló indicando que se trataba de un «uso justo», figura que se utiliza, por ejemplo, para realizar citas sin necesidad de pedir permiso al autor. La organización apeló, pero la Suprema Corte de los EE.UU. rechazó el pedido en abril último. El fallo, alegan desde Authors Guild, sienta un pésimo precedente: «Estamos presenciando una vasta redistribución desde el sector creativo al tecnológico». Por su parte, desde la corporación aseguraron que todos estaban mejor gracias a que Google Books «da a los lectores una novedosa forma de encontrar libros interesantes».

Internet de las cosas

(Ver en revista Acción, con suscripción)

Sueños y pesadillas

La perspectiva de un mundo donde todos los objetos y dispositivos electrónicos estén conectados y funcionen de manera inteligente promete más confort pero encierra también nuevas amenazas. El riesgo de perder el control sobre la propia vida.

Esteban Magnani


Si las utopías de algunas siglos o décadas atrás prometían llegar tras la lucha política y auguraban cosas como «igualdad» o «libertad», los futuros promisorios actuales vienen en clave tecnológica y tienen más que ver con el confort y la eficiencia. La próxima revolución, al parecer, no será con sangre y en las calles, sino calentitos y en casa. La nueva utopía se llama «Internet de las cosas» y promete conectar todos los dispositivos electrónicos, desde la cafetera hasta el aire acondicionado, e incluso las calles de la ciudad, para hacerlas «inteligentes», es decir, más eficientes, manejables a la distancia y productoras de datos para mejorar aún más su potencial. Así se lograría, además de nuestro confort, resolver problemas de transporte, ecológicos y limitaciones productivas. La contracara distópica de este paraíso tecnológico es un menor control sobre tareas que se automatizan y escapan a nuestros deseos junto con ingentes cantidades de datos que son apropiados sobre todo por empresas privadas o el Estado. Pero vayamos por partes. Sigue leyendo

Yo, Germán

Garmedia. De Chile a la Feria del Libro. (Vivian Ribeiro)

(Ver en Revista Acción)

La estrella de la Feria del Libro de este año no fue Mario Vargas Llosa o Ian McEwan: el único con pabellón propio y pago de entrada especial para acceder a su firma fue el chileno Germán Garmendia, más conocido por el nombre de su canal en Youtube Hola Soy Germán. ¿Cuál es el mérito del autor de ChupaElPerro, uno de los libros más vendidos en la Argentina? Ríos de tinta se han invertido en analizar por qué los videos de este «youtuber» generan tantas visitas diarias entre sus 27 millones de seguidores. Sigue leyendo

Algoritmos equivocados

(Ver en la revista Acción)
Un algoritmo confundió una torta con un pecho femenino. La británica Sue Moseley publicó en Instagram una foto de una torta; cuando intentó entrar nuevamente a su cuenta, estaba bloqueada por contener «desnudos». ¿Cómo alguien puede confundir un pecho con una torta? No fue alguien, sino un algoritmo. Cada vez más tareas dependen de estas fórmulas matemáticas complejas que cruzan datos para dar un resultado. En este caso, analizó la forma de la imagen y, al menos matemáticamente, le pareció representar un pecho. Los algoritmos manejan muchas cosas: desde la decisión de qué mostrar en nuestra cuenta de Facebook en base a lo que nos gustó otras veces, hasta manejar un auto sin conductor. Uno de los algoritmos más usados y más largos es el de búsqueda de Google, el cuál tiene 2.000 millones de líneas de código que prometen encontrar lo que buscamos. Estas complejas fórmulas matemáticas no tienen conciencia, pero sí una complejidad que les permite «equivocarse».

El Estado de Facebook

(Ver en Acción, con suscripción)

El gobierno anunció que implementará un plan piloto para utilizar la versión corporativa de la red social en la administración pública, lo que pondrá información sensible en manos de una empresa extranjera. La soberanía y la privacidad, en riesgo.

Las redes sociales quieren que nos sintamos cómodos, que no tengamos necesidad de irnos a ningún lado. Para eso construyen jardines cerrados en los que podemos distraernos, encontrar amigos, satisfacer nuestro voyeurismo, enterarnos de eventos o leer contenidos que, ellos saben, nos interesarán. El negocio de estas redes sociales es quedarse con nuestra mirada y ofrecerla a los avisadores que adornan nuestras pantallas con publicidad. Facebook es un ejemplo paradigmático de este modelo de negocios basado en captar la atención desde celulares, tabletas, computadoras, con servicios de video, noticias, streaming, chat y más. Para ellos es fundamental ampliar ese jardín hasta que no necesitemos salir de él. Sigue leyendo

¿Con la democracia se investiga?

(Ver nota en Voces en el Fénix)

El desarrollo de la ciencia y la tecnología en nuestro país desde el retorno de la democracia oscila entre dos modelos, uno soberano y que busca un desarrollo propio, y otro que busca insertarse en la economía global de forma subalterna aprovechando las ventajas comparativas de algunos de sus recursos naturales. Alcanzar el horizonte del primero de ellos requiere una educación sostenida y amplia que explote el potencial humano, para poder dar respuestas concretas a problemáticas locales mejorando la calidad de vida del país. Esa sigue siendo una deuda pendiente.

Durante la campaña electoral de 1983 el candidato radical a la presidencia, Raúl Alfonsín, dijo una frase que refleja la enorme expectativa social por el fin de la dictadura militar y la llegada de las elecciones: “Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura”. Esa sentencia llena de esperanza y luego repetida hasta el hartazgo –¿hasta vaciarla de contenido?– señalaba que finalmente la Argentina había encontrado la llave maestra que resolvería todo lo demás. Con el tiempo, muchos argentinos comprendimos que no era tan simple y quedó la duda de si Alfonsín tenía una ingenuidad impropia de un político de su trayectoria o se montaba sobre la ola de entusiasmo popular para llegar a la presidencia con la mayor fuerza posible. En realidad, el recorte dejaba afuera la parte más política del discurso de Alfonsín que seguía así: “…no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear, que nos deje de manejar la patria financiera, que nos dejen de manejar minorías agresivas, totalitarias, inescrupulosas que por falta de votos buscan las botas para manejar al pueblo argentino”. Con la segunda parte se completa la imagen de un Alfonsín menos ingenuo, capaz de reconocer las escolleras de las estructuras de poder, dispuestas a romper la ola de entusiasmo de la primavera democrática. La historia (ese recorte nunca neutral que usa una tijera sintomática) recogió la primera parte, la más simple, como si quisiera convencernos de que la democracia es un paquete cerrado que se toma o se deja, no un espacio de disputa donde el voto universal es solo la primera trinchera. Sigue leyendo