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Tensión en la red, el libro libre

de Esteban Magnani

de Esteban Magnani

Tensión en la red“, el nuevo libro de Esteban Magnani, ubica al lector en el complejo y vasto escenario de la tecnología actual, donde la vorágine de cambios suele empobrecer el espíritu crítico. Este tipo de asimilación, por momentos ingenua, conlleva una serie de consecuencias sociales, económicas, políticas y también en la cotidianeidad de las personas. “Tensión…” toca estos temas de una manera entretenida, abrevando en lo mejor de la divulgación científica sin caer en el academicismo ni en el vano intento de agotar la temática. Sigue leyendo

¿De quién es la máquina?

Una amiga se compra una máquina y me pide que le instale un Ubuntu. Recibo la flamante compu dispuesto a instalar la versión pedida de GNU/Linux, algo que pese a ser un humilde egresado de la Facultad de Ciencias Sociales, he hecho varias veces. Entro y descubro que no sé ni cómo manejarme en el Windows 8 que trae. Tengo que esforzarme para hacer algo tan básico como… ¡bootear desde un pendrive! Sigue leyendo

Pulsaciones

–Che, Rubio ¿estás bien, amigo?
–Sí, sí; todo bien.
–¿Estás preocupado por el clásico? Van a andar bien. Yo sé toda la sanata de que los clásicos son un partido aparte y blabla, pero ellos vienen para el orto, la defensa es un colador y no le meten un gol a nadie –dudó unos instantes y continuó–. Dependen de lo que haga Maestri y nada más.
–Sí, ya sé. No estoy preocupado por eso. Sigue leyendo

El consorcio

Se levanta temprano. Hay mucho por ordenar. Al dirigirse al baño se da cuenta de que no tiene la urgencia habitual por lavarse los dientes, esa que lo fuerza a un lavado ligero para disfrutar el desayuno, complementado con otro, más profundo, a posteriori. Es que hoy – sonríe para sus adentros, mientras piensa – tiene el sabor del triunfo en la boca. El día anterior logró que la Anses le elevara 38 centavos la jubilación luego de 10 años de reclamos. Por supuesto, no se trataba de reclamos espasmódicos como los de un amateur, sino sistemáticos, como los que lleva adelanta un “profesional”, como le gusta a él llamar a los contadores y solo a ellos, aunque no lo reconozca en público. Cada vez que le llega un papel calculado e impreso por una computadora, sospecha alguna falla. Nada supera al lápiz, al papel y a una mirada atenta, conocedora y sistemática. Con los $215,23 que le correspondieron como indemnización pudo comprarle a Rosita una bufanda con unos guantes haciendo juego. Estaba tan orgullosa de él, “no por el dinero, sino porque sabés hacer que las cosas funcionen como debe ser”. Sigue leyendo