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Actualizaciones peligrosas

202-31-actualizaciones_0Cuando Facebook compró Whatsapp a principios de 2014 por 19.000 millones de dólares, muchos se preguntaron por qué valía tanto: la aplicación del telefonito verde tenía cerca de 450 millones de usuarios, pero no generaba casi ningún ingreso y carecía de un modelo de negocios claro. Todo indicaba que Facebook buscaba neutralizar el crecimiento de Whatsapp y dejar espacio para su propio servicio de mensajería. Sin embargo, para sorpresa y sospecha de todos, Facebook prometió mantener la independencia y privacidad de Whatsapp. Pero en agosto último llegó el sinceramiento: tras una nueva actualización, la aplicación avisa a quien se tome el trabajo de leerlo que comenzará a compartir información del usuario con Facebook a menos que uno desmarque esa opción. Junto con la actualización, Whatsapp advirtió que no compartirá (por ahora) los números de teléfono con empresas y mantendrá un servicio de encriptación que garantiza la privacidad de los mensajes: según dicen, solo quieren usar los datos para reducir el spam y mejorar sus publicidades. Mientras tanto el Messenger de Facebook alcanzó los 1.000 millones de usuarios. ¿19.000 millones bien gastados?

La otra inseguridad

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La reforma de la ley electoral propuesta recientemente por el Poder Ejecutivo tiene como uno de sus principales objetivos la utilización de la boleta electrónica. Luego de probar el sistema que tiene numerosas variantes, países como Alemania lo declararon simplemente inconstitucional porque un ciudadano común no puede verificar que su voto no haya sido cambiado. En la Argentina varios expertos denunciaron fallos de seguridad graves en el sistema utilizado por la empresa MSA en las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires en 2015: uno de ellos, luego de entrar al sistema supuestamente seguro de la empresa, les avisó de la vulnerabilidad: su domicilio fue allanado y tiene una demanda abierta. Otros expertos comprobaron, entre otros fallos y debilidades, que las boletas electrónicas utilizan un sistema RFID con un identificador único que puede ser leído a distancia desde dispositivos, como celulares inteligentes, poniendo en peligro el secreto del voto. La nueva ley castiga con cárcel a quienes experimenten con las boletas o filtren programas que permitan modificar el resultado electoral. Esas prácticas y otras penadas por el proyecto de ley son imprescindibles para auditar la seguridad del sistema cuya principal virtud es, supuestamente, arrojar resultados en pocas horas.

Vamos Pokemon

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El 15 de julio pasado miles de personas asaltaron el Central Park de Nueva York para cazar un Vaporeon, una criatura celeste difícil de conseguir y solo visible en sus teléfonos. Eran jugadores de Pokémon Go, una aplicación  de realidad aumentada para Android o iOS, lanzada solo una semana atrás, pero que ya contaba millones de descargas. El juego original lo lanzó Nintendo en 1996 y de allí salieron dibujos animados, cartas y un variado merchandising; ahora viven su revival interactivo. ¿Cómo funciona el actual Pokémon Go? El jugador recibe avisos en su celular cada vez que una criatura está cerca y debe apurarse para atraparlo antes de que huya. Al mirar el mundo a través del celular, ve sobreimpreso al pokemón en su pantalla y puede capturarlo con una bomba virtual. También puede sumar más criaturas en combates o intercambiar con amigos. Como el juego está geolocalizado, los jugadores deben recorrer la ciudad en busca de nuevas presas para completar el álbum virtual. El juego es gratuito, pero vende recursos adicionales. Además permite a Nintendo, cuyas acciones no paran de aumentar de valor, capturar enormes cantidades de datos sobre los usuarios que pueden aprovechar o vender.

Adiós a la privacidad

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El artista ruso Egor Tsvetkov, de 21 años, realizó un experimento simple: tomó fotos de desconocidos en la calle y utilizó FindFace, una aplicación de reconocimiento facial, para encontrar rostros similares en una red social rusa llamada VK. Tsvetkov pudo encontrar casi al 70% de las personas fotografiadas que tenían entre 18 y 35 años, es decir, el segmento etario que más usa las redes sociales; así pudo saber sus verdaderos nombres, ocupaciones, intereses y conocer sus mascotas, entre otras cosas. Su proyecto se llamó Tu rostro es big data porque se refiere a que incluso información tan personal como nuestra apariencia es rastreable en las redes para aquellos que tienen acceso a grandes volúmenes de información. Quienes aparecieron en el experimento mostraron su sorpresa y dejaron claro que la mayor parte de la gente desconoce quiénes tienen acceso a lo que suben a las redes. El joven artista dijo sentirse incómodo, una especie de acosador virtual, pero que quería demostrar «cómo la tecnología rompe la posibilidad de una vida privada. Nos muestra el futuro». El experimento es una invitación a chequear las opciones de privacidad de las redes sociales, abandonarlas o resignarse.

Delivery Global

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Para las nuevas corporaciones 2.0, la materia es un estorbo; especialmente para aquellas que no solo ofrecen películas, música o servicios que pueden transferirse en bits. Amazon, un gigante dedicado a satisfacer todos los caprichos de sus clientes sin necesidad de que se muevan de su sillón, ha decidido eliminar el obstáculo innovando sin parar e, incluso, compitiendo con empresas de logística y transporte tradicionales. Gracias a Prime Now, una aplicación paga disponible para algunas áreas de los Estados Unidos, promete entregar cualquier producto de los miles de su listado en menos de dos horas o, incluso, en solo una a quien pague por ello. La empresa (que comenzó vendiendo libros por Internet), lanzó Amazon Flex, un servicio similar a Uber pero que en vez de personas transporta los encargos y, al igual que éste, ofrece pagos puntuales por hora de trabajo. No es todo: desde 2013 viene desarrollando Prime Air, un servicio de drones que se encarga de la entrega a domicilio.

Libros Libres

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Autores versus Google
En 2005 una organización de escritores profesionales llamada Authors Guild demandó a Google Books. Este servicio, que ya lleva digitalizados más de 25 millones de libros, permite acceder a fragmentos de los textos y enlaza una compra virtual de los mismos cuando están disponibles. Los escritores acusaban a la empresa de hacer un uso comercial de sus contenidos. La justicia falló indicando que se trataba de un «uso justo», figura que se utiliza, por ejemplo, para realizar citas sin necesidad de pedir permiso al autor. La organización apeló, pero la Suprema Corte de los EE.UU. rechazó el pedido en abril último. El fallo, alegan desde Authors Guild, sienta un pésimo precedente: «Estamos presenciando una vasta redistribución desde el sector creativo al tecnológico». Por su parte, desde la corporación aseguraron que todos estaban mejor gracias a que Google Books «da a los lectores una novedosa forma de encontrar libros interesantes».

Yo, Germán

Garmedia. De Chile a la Feria del Libro. (Vivian Ribeiro)

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La estrella de la Feria del Libro de este año no fue Mario Vargas Llosa o Ian McEwan: el único con pabellón propio y pago de entrada especial para acceder a su firma fue el chileno Germán Garmendia, más conocido por el nombre de su canal en Youtube Hola Soy Germán. ¿Cuál es el mérito del autor de ChupaElPerro, uno de los libros más vendidos en la Argentina? Ríos de tinta se han invertido en analizar por qué los videos de este «youtuber» generan tantas visitas diarias entre sus 27 millones de seguidores. Sigue leyendo

Algoritmos equivocados

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Un algoritmo confundió una torta con un pecho femenino. La británica Sue Moseley publicó en Instagram una foto de una torta; cuando intentó entrar nuevamente a su cuenta, estaba bloqueada por contener «desnudos». ¿Cómo alguien puede confundir un pecho con una torta? No fue alguien, sino un algoritmo. Cada vez más tareas dependen de estas fórmulas matemáticas complejas que cruzan datos para dar un resultado. En este caso, analizó la forma de la imagen y, al menos matemáticamente, le pareció representar un pecho. Los algoritmos manejan muchas cosas: desde la decisión de qué mostrar en nuestra cuenta de Facebook en base a lo que nos gustó otras veces, hasta manejar un auto sin conductor. Uno de los algoritmos más usados y más largos es el de búsqueda de Google, el cuál tiene 2.000 millones de líneas de código que prometen encontrar lo que buscamos. Estas complejas fórmulas matemáticas no tienen conciencia, pero sí una complejidad que les permite «equivocarse».